Puerros gratinados



Retomo el blog con nueva ubicación y una receta muy sencilla que he encontrado en Cocinar para los amigos, aquí la tenéis en vídeo explicada paso a paso.

Cuando la encontré me pareció una forma perfecta de tomar verduras de forma sabrosa, sencilla, rápida de preparar y que se adapta perfectamente a la dieta. Todavía se puede hacer más rápidamente si se utilizan puerros en conserva, yo la he hecho con puerros frescos, pero me quedo con la idea para un apuro.

La única variación respecto a la receta original es usar mozzarella light. Yo encuentro la Finello de la marca Arla (hay normal o light, las ponen donde el queso rallado) en cualquier gran superficie o supermercado grande.

 

Ingredientes:

Medio kilo de puerros (peso en limpio, sin las hojas ni raíces)

Una loncha gorda de jamón york (no sé por qué el maldito autocorrector de Word siempre me lo cambia por Cork)

Una bolsa de mozzarella rallada light

(El que quiera puede usar mozzarella de las de bola (también hay light), pero para gratinar prefiero la rallada porque se esparce mejor)

Preparación:

Quitamos la parte verde a los puerros, los cortamos por la mitad y los cocemos en agua con sal durante 20 minutos. Los escurrimos, los cortamos a lo largo y los ponemos en una fuente, con la parte cortada hacia arriba (así entra bien la mozzarella).

Cortamos la loncha de jamón de york en bastoncitos y los ponemos encima de los puerros. Cubrimos con mozzarella y gratinamos  en el horno hasta que esté dorado.

Fácil, rápido y rico ¿Qué más podemos pedir? Ah, si, que sea sano y poco calórico. ¡Prueba superada!

Horchata

La ola de calor que nos tiene atrapados tiene efectos contradictorios para las personas a dieta: por una parte, reduce el apetito y hace que nos apetezca comer principalmente ensaladas, gazpachos y platos ligeros, pero también hace que se disparen las ganas de inflarnos a helados, granizados y horchata, que tienen grandes cantidades de azúcar y, en el primer caso, también de grasas.

Como la horchata es una de mis bebidas favoritas, me lancé la manta a la cabeza y decidí intentar hacer una versión light. Una rápida búsqueda en Google me mostró unas cuantas recetas (me he basado en la excelente explicación del blog Mercado Calabajío) , y que sus ingredientes son básicamente tres: chufas, agua y azúcar, aunque hay quien añade canela y cáscara de limón.

Me costo algo encontrar las chufas en mis hipermercados habituales, pero finalmente las encontré en el Corte Inglés. Inconvenientes de esta receta, sencillísima pero un poco coñazo: consume mucho tiempo (yo tardo tres cuartos de hora), y no es práctico hacerla en gran cantidad, porque solo se conserva 24 horas. Dicen que puede congelarse, pero hasta ahora no me he atrevido a hacerlo.

Ingredientes

250 gramos de chufas

1 litro de agua muy fría

Edulcorante granulado o líquido al gusto

Preparación

Dejamos a remojo las chufas uno o dos días hasta que se hinchen.

Añadimos más o menos la mitad del agua y las trituramos bien  hasta pulverizarlas con un robot de cocina o batidora potente (yo uso la Thermomix). Si se usa batidora de mano creo que habrá que darle candela a máxima potencia durante un buen rato. Algunas recetas recomiendan macerar varias horas la mezcla de chufas y agua, aunque yo no lo hago.

Después vamos pasando todo por un chino (si usamos un colador tiene que ser bastante resistente), prensando bien la mezcla con ayuda de la mano del mortero o el culo de un bote de cristal (limpio, por supuesto).

El liquido resultante lo volvemos a colar otra vez con un colador de tela o un paño limpio. Yo ordeño la tela del colador con la mano (para algo tenía que servir ser de la generación de Heidi). El último paso es añadir el edulcorante a nuestro gusto. No pongo cantidades porque cada edulcorante es un mundo y algunos somos más golosos que otros, pero como sé que me lo vais a preguntar, yo le he echado ocho cucharadas soperas de granulado Cologram (el del Lidl), que es el que uso más, es barato y no me desagrada.¡Lista para refrescarnos sin sentimientos de culpa!

Se puede conservar hasta 24 horas en la nevera, pero se decanta bastante (quedan posos abajo), por lo que para tomarla hay que remover bastante con una cuchada de madera. Os recomiendo guardarla en un recipiente de boca ancha, yo la primera vez la eché en una botella y no había manera de volver a mezclar los posos del fondo (hay que rascar con la cuchara).

Tarta de espinacas

Lo bueno de las recetas ligeras y apetitosas a la vez es que podemos hacer lo mismo para todos los de la casa, porque una de las razones por las que a veces dejamos la dieta es que estamos hartos de cocinar el doble, y encima sufrir la tortura de preparar, oler y probar platos que no podemos comer. Una vez en la mesa podemos suplementar los platos de los otros comensales con aceite de oliva o un buen puñado de frutos secos.

La segunda vertiente de esto es que podemos invitar a gente a comer y no saltarnos la dieta. Para eso una opción perfecta son las tartas saladas: las podemos preparar con antelación y están ricas tanto frías como calientes.

La de hoy es una especie de quiche de espinacas a la que hemos quitado precisamente lo que caracteriza a la quiche: la base de masa quebrada, que al estar hecha con mantequilla es una verdadera bomba calórica. Tampoco lleva nata, por supuesto, y hemos reducido el número de huevos y las calorías del queso, así que podemos disfrutarla sin culpabilidad.

Ingredientes

Medio kilo de espinacas (frescas o congeladas)

Tres huevos

Una tarrina de queso light (aquí tenéis una comparativa)

Un vaso grande de leche desnatada

40 gramos de harina

Pan rallado (suficiente para cubrir el fondo del molde que elijamos)

Sal

Nuez moscada

Pimienta

Aceite de oliva (poquísimo)

Queso rallado (opcional)

Preparación

Cocemos las espinacas (si las compramos congeladas quedan mejor las que ya vienen troceadas) y las escurrimos bien.

Mientras se escurren mezclamos perfectamente (con ayuda de la batidora o en un aparato tipo thermomix) la leche, la harina, las especias y un poco de sal (yo le pongo menos de una cucharadita de café) y preparamos un remedo de bechamel: ponemos todo al fuego, cuando empiece a hervir lo bajamos al mínimo y cocemos unos cinco minutos sin parar de remover. Lo dejamos que se temple un poco (para que no se cuajen los huevos), le añadimos la tarrina de queso, mezclamos bien, probamos si está a nuestro gusto de sal y añadimos los huevos batidos y las espinacas.

Preparamos el fondo de un molde para tartas (vale también una fuente de horno) pulverizándolo o pintándolo con aceite de oliva, encima espolvoreamos pan rallado y movemos bien el molde para que quede bien cubierto el fondo. Esto no solo evita que se pegue la tarta, sino que forma una especie de base finísima. Vertemos la mezcla de las espinacas y demás, ponemos un poco de queso rallado por encima (es opcional, porque suma algunas calorías, pero si somos tacaños con el queso serán pocas) y lo metemos en el horno precalentado a 180 grados.

Horneamos durante unos 15 o 20 minutos, para ver si la tarta está hecha pinchamos con una brocheta: si sale limpia, ya está.

Un truco: si todavía no se ha hecho por dentro, pero ya está dorada por encima y no queremos que se nos tueste más, basta con poner un trozo de papel de aluminio por encima. Y al contrario, si está hecha pero poco dorada, la ponemos arriba del todo con el grill del horno, vigilando bien, porque se quema enseguida.

Tarta de queso deconstruida

 

La típica tarta de queso con base de galletas machacadas era una de las recetas que hasta ahora no había logrado adaptar satisfactoriamente a la dieta. La sustitución del mascarpone que antes utilizaba por Philadelphia light resultaba medianamente aceptable, pero la base se disgregaba cuando intentaba hacerla añadiendo a las galletas machacadas una poca mantequilla o margarina ligh (he probado varias, y hasta ahora no he encontrado ninguna que esté a la altura en sabor). Finalmente la solución ha sido renunciar a una tarta tradicional y montar este postre en cuencos individuales: puedo eliminar totalmente la mantequilla y encima usar la palabra deconstruida, al estilo nueva cocina. También he cambiado el Philadelphia por queso batido 0% en grasa, que tiene muchas menos calorías. Lo he encontrado en Mercadona, de su marca blanca, y en otros hipermercados de la marca Vrai, que además es de producción ecológica. He preparado este postre para invitados y tuvo mucho éxito, no se creían que fuera light. Eso sí, en esa ocasión en lugar de edulcorante usé fructosa, porque los edulcorantes suelen dejar cierto regusto. Pero para los que estamos en plena dieta es mejor usar edulcorante, reduce bastante las calorías.

Ingredientes (para cuatro raciones)

Una tarrina de medio kilo de queso batido 0% de grasa

Más o menos 20 galletas, mejor si buscáis unas con pocas calorías (yo uso Gullón .

Mermelada light

Edulcorante (en polvo o líquido) o fructosa al gusto

Esencia de vainilla (opcional)

Preparación

Más fácil y rápido no puede ser. Machacamos las galletas, bien a lo bestia o con ayuda de aparatos (por ejemplo, la Thermomix o una batidora con accesorio picador). Ponemos en un bol el queso, le añadimos una cucharadita de esencia de vainilla y endulzamos al gusto. No pongo cantidades, porque cada edulcorante es distinto, lo mejor es ir añadiendo poco a poco y probando.

Montamos la tarta por capas en cuatro cuencos o vasos anchos, mejor si son transparentes, queda más bonito, como veis en la foto. Primero las galletas machacadas, después el queso batido y por ultimo la mermelada. Yo utilicé una mermelada casera de guindas que hice con fructosa, pero para una reducción mayor de calorías podéis echar mano de esta comparativa. Tras esta laboriosa preparación solo queda disfrutar la tarta o guardarla en el frigo hasta que la comamos (aguanta perfectamente de un día para otro).

Sopa fría de melón con jamón

Para afrontar el calor que se avecina nada mejor que recurrir a los gazpachos y sopas frías, que además de calmar el hambre refrescan y ayudan a hidratarnos. Por cierto, os recuerdo que la crema de puerros que puse hace unos meses está también riquísima fria, convirtiéndose en la clásica vichichoisse.

Hoy vamos a dar una vuelta al clásico melón con jamón convirtiéndolo en un plato de cinco tenedores y una opción facilísima que nos permitirá quedar de maravilla ante nuestros (posibles) invitados, sin tener que saltarnos la dieta.

Ingredientes

Una raja gorda de melón por persona

Medio yogur desnatado por persona

Dos lonchas de jamón serrano por persona.

Hierbabuena fresca o seca (opcional)

Preparación

Pelamos y troceamos el melón y lo pasamos por la batidora junto al yogur hasta que quede bien fino (también podemos usar la thermomix o incluso la licuadora si tenemos). Añadimos hierbabuena picada fresca o seca al gusto (la seca tiene un sabor más fuerte, así que basta con menos cantidad). Yo suelo tirar de la seca porque la fresca dura solo un par de días en la nevera y no consigo cultivarla yo. He probado a congelar las hojas de hierbabuena, tanto enteras como picadas, pero el resultado no me convence, prefiero la seca.

Quitamos el tocino que podamos a las lonchas de jamón y las hacemos a la plancha vuelta y vuelta durante unos minutos, hasta que estén más o menos crujientes.

Las dejamos que se enfríen un poco, las cortamos en tiras irregulares, servimos la sopa de melón y ponemos encima una buena cantidad de tiras de jamón. Me encanta la combinación de dulce y salado y la textura crujiente que le aporta el jamón. Además, hace que tengamos que masticar, por lo que ayuda a que nos sintamos saciados, algo muy importante cuando se está a dieta.

Comparativa: ketchup

Hacía tiempo que no ponía ninguna comparativa por aquí: la de hoy es un tanto escueta, pero no por ello menos útil (creo). Yo suelo utilizar el ketchup, además de para lo evidente (ya pasará por aquí el perrito caliente con salchicha de pavo), para darle vidilla, por ejemplo, a la muy ligera, pero muy insípida, Ligeresa sensación, o animar un poco otras salsas. Pecado mortal, ya lo sé, pero aquí nos gusta pecar ¿no?

Después de haber investigado las tablas nutricionales de distintas marcas de ketchup he descubierto que sí hay una diferencia apreciable entre el normal y el light, que puede tener solo un tercio de las calorías del normal.

Como referencia he utilizado el ketchup Heinz, el clásico que siempre tengo en casa, con 103 calorías cada 100 gramos de ketchup. Un apunte: considerad que un envase normal de ketchup contiene en torno a 350 gramos (una bolsita de las del burger contiene unos 12 gramos), así que si no inundamos en un mar de ketchup lo que aliñemos tampoco estamos elevando tanto las calorías del plato.

Pero bueno, supongamos que aún así nos planteamos reducir el contenido calórico del ketchup, más que nada para no sentirnos demasiado culpable. De los que he analizado, el que tiene menos calorías (con diferencia) es el ketchup Prima light, con solo 35 calorías los 100 gramos. Sin embargo, un dato curioso es que tiene algo más de materia grasa que el de referencia (0,3% frente al 0,1% del Heinz normal). En las cantidades que usamos es casi inapreciable, pero no deja de ser paradójico que todos los ketchup light que he encontrado, a excepción del de la propia marca Heinz, tienen más grasa que el normal. Volvemos a encontrarnos con la clásica trampa de los productos light: con frecuencia reducen las grasas, pero aumentan el azúcar, y viceversa.

El segundo clasificado es el de Ligeresa, con 55 calorías los 100 gramos (y 0,4% de grasas). Le sigue el Carrefour light (61 calorías y 0,2% de grasas) y, por último, tenemos el Heinz light, con 77 calorías los 100 gramos y 0,1% de grasas.

Ensalada con mozzarella y anchoas

Hemos tenido una pequeña ventana de buen tiempo después de la Semana Santa, anticipo del verano, en el que lo que más nos apetece es tomar cosas frescas. Aunque ya han vuelto las borrascas, y encima a pares, como voy siempre con un poco de retraso traigo una propuesta de ensalada con un toque italiano. La mozzarella (light, por supuesto), las anchoas, las alcaparras y el orégano nos transportarán a Nápoles, por lo menos. Bueno, seguramente no, pero la combinación está muy rica.

Por cierto, pensando en el verano tengo que buscar otro sitio para hacer las fotos, porque incluso con los estores bajados hay demasiada luz y me salen quemadas.

Ingredientes

Una bola de mozzarella light

Una lata de anchoas (mejor en aceite de oliva, aunque las vamos a escurrir)

Tomate maduro

Lechuga

Alcaparras

Orégano

Aceite de oliva (opcional)

Preparación

Aparte de lo evidente (trocear y mezclarlo todo), hay que escurrir bien las anchoas, a no ser que ya estemos en fase de mantenimiento. Un toque de aceite de oliva pulverizado por encima nos dará algo de saborcillo.

Torrijas light

Estar a dieta y de vacaciones al mismo tiempo es casi imposible. Yo, desde luego, no lo consigo: para mí, vacaciones, puentes y demás son para relajarme y disfrutar, no para andar preocupándome por cuántas calorías tiene esto y lo otro. Así que para esta Semana Santa tenía claro que no me iba a saltar la tradición de las torrijas. Ya he dicho que los dulces son mi cruz, pero me decidí a intentarlo de nuevo en esta ocasión, ya que gracias a San Google descubrí que también se pueden hacer al horno. Precisamente, una de las cosas que más pereza me daban a la hora de hacer torrijas es que, al freirlas, el aceite saltaba bastante y la cocina se quedaba que daba miedo, así que miel sobre… torrijas. Por otra parte, he cambiado el azúcar por fructosa para aligerarlo un poco más. La fructosa tiene las mismas calorías que el azúcar, pero endulza casi el doble, por lo que hay que echar más o menos la mitad. Resultado: torrijas light, prácticamente sin grasas (el huevo aporta algo) y con menos calorías que hechas de azúcar. Además, antes las remojaba en miel muy poco rebajada con agua y ahora la he sustituido por un almíbar ligero, que también lleva miel, pero menos. Están riquísimas y son aún más fáciles de preparar que las torrijas tradicionales.

Ingredientes

Una barra de pan del día anterior

Un litro de leche desnatada

La cáscara de una naranja o limón

Cuatro cucharadas colmadas de fructosa (o más si nos gusta más dulce)

Un palito de canela

Dos huevos

Almíbar

Un vaso de agua

Tres cucharadas de fructosa

Tres cucharadas de miel

Una cucharadita de canela

Preparación

Cortar la barra de pan en rebanadas de algo más de un dedo de grosor.Yo la guardo el día anterior en una bolsa para que se ponga algo correosa, así se corta mucho más fácilmente y se rompe menos.

Ponemos a calentar la leche con la cáscara de naranja (o de limón) y el palito de canela a fuego lento durante 15 o 20 minutos. Es importante no caer en la tentación de acelerar este paso, la leche tiene que cocer un rato para tomar bien los sabores. Apagar el fuego, añadir la fructosa, revolver y dejar que la leche se temple.

Remojar bien las rebanadas en la leche: en el horno se resecan más y como no las vamos a freir no corremos tanto peligro de que se rompan. Despues las pasamos por huevo batido y las ponemos en la bandeja del horno cubierta por una hoja de teflón o papel de hornear. Si no tenemos podemos utilizar papel de aluminio, pero en este caso habrá que pulverizarlo con aceite para que no se peguen las torrijas. Precalentamos el horno a 200 grados, colocamos la bandeja en la parte de arriba y las gratinamos hasta que se doren. Mi horno tardó un cuarto de hora más o menos, pero mejor vigilad, porque varía según el horno que tengáis.

Mientras se hornean podemos ir preparando el almíbar: ponemos en un cazo el agua, la fructosa, la miel y la canela y lo dejamos que cueza unos 10 minutos.

Sacamos las torrijas del horno y las vamos remojando una a una en el almíbar, cuando acabemos rociamos el sobrante por encima.

 

Pizza de atún con berberechos

A estas alturas ya os habréis acostumbrado a la idea: con unos pequeños cambios se puede comer casi de todo. Hoy vamos a preparar una pizza casera sanísima y mucho más rica que las congeladas, además de totalmente libre de grasa. Yo le he puesto atún, berberechos, cebolla y alcaparras, pero como siempre hay muchas alternativas igual de saludables: de verduras, jamón con piña, carne picada, salmón, sardinas en tomate…

Ingredientes

Masa:

400 gr. de harina (aproximadamente)

200 ml. de agua (un vaso pequeño)

Un sobre de levadura de panadería

1 cucharadita de sal

Cobertura:

Un vaso de salsa de tomate sin aceite o concentrado de tomate (no sabría decir cantidad, yo usé como medio tubo).

Dos bolas de mozzarella light

Una lata grande de atún al natural

Una lata de berberechos

Cebolla al gusto

Alcaparras

Orégano

Aceite de oliva (opcional)

Preparación

Calentamos un poco el agua para que esté algo más que tibia, pero no hirviendo. Echamos la levadura y la sal en el agua, lo disolvemos y lo mezclamos todo con la harina.  También podemos utilizar harina preparada para pizza, que ya trae incorporada la levadura, aunque yo he utilizado la normal. Lo que sí que es importante es utilizar levadura de panadería y no la de bizcocho (que en realidad no es levadura).

Los que ya estén en mantenimiento pueden añadir a la masa dos o tres cucharadas de aceite de oliva. Si tenemos una máquina de pan, amasadora, thermomix, o incluso una batidora de brazo con accesorio picador (funciona perfectamente para amasar), lo mezclamos y amasamos a máquina. Si no, usamos grasa de codo, como dicen los ingleses.

Los que os atreváis podéis intentar el numerito de dar forma a la pizza girándola en el aire, pero una opción más segura es dejar la masa lo más fina posible con un rodillo añadiendo más harina cuando sea necesario para que no se pegue. Podemos sustituir perfectamente el rodillo con un rollo de film plástico de cocina que solemos tener por casa, cuando terminemos de amasar cortamos el trozo que se ha ensuciado y listo. Ponemos una lámina de teflón o papel de hornear en la bandeja del horno, extendemos la masa y la dejamos reposar un rato.

Ponemos una capa fina de salsa de tomate sin aceite (es mejor si lo dejamos que reduzca bastante rato para que no tenga mucha agua) o concentrado de tomate, yo utilicé uno que tenía en la despensa y que venía en un tubo. Cortamos la mozzarella en láminas finas y las distribuimos por encima del tomate. Encima ponemos el atún, los berberechos, la cebolla y las alcaparras, o los ingredientes que hayamos elegido. Yo me olvidé de las alcaparras y las puse después de hornear la pizza. Espolvoreamos con orégano y pulverizamos un poco de aceite de oliva por encima.

Metemos en el horno precalentado a 250 grados, bajamos la temperatura a 225 grados y horneamos durante unos 20 minutos.

Experimento fallido: magdalenas



No todo van a ser felices descubrimientos: la dura realidad es que hay cosas que se resisten a ser adaptadas a una dieta libre de grasas y azúcar. Especialmente los postres.  Como me resisto a poner las típicas variaciones de formas de presentar fruta y yogur, que no dejan de ser lo mismo pero más adornado, como brochetas de fruta, milhojas de fresas y demás (la excepción es el batido de yogur griego, eso sí me gusta y ya aparecerá por aquí, aunque tiene poco misterio), al final lo que pasa es que no cocino postres y quedan limitados a mi día libre.

Mi último intento ha sido preparar unas magdalenas. Descubrí un edulcorante, la sucralosa, que, al contrario de los  demás que he encontrado, puede hornearse. También descubrí un sustituto de la mantequilla con solo un 25% de grasa, y me lancé a intentarlo. Tengo que decir que las magdalenas normales, con todo su azúcar y su grasa, que cocino gracias al blog Distorsiones, me salen estupendas. Mi especialidad son las de nueces. Pero claro, no son precisamente light, y llevaba sin prepararlas desde octubre, es decir, desde que empecé la dieta.

Pues me lancé, y el resultado fue algo que, como veis en la foto, parecían magdalenas, pero estaban bastante secas, como resultado del escaso contenido en grasa, y lo peor es que el famoso edulcorante, que encima era carísimo, deja un regusto artificial asqueroso (en mi opinión, por supuesto). Os lo cuento para que escarmentéis en cabeza ajena y os ahorréis un disgusto.